AGUA, NITRATOS Y CONTAMINACIÓN

En febrero de 2017 se publicó, en Castilla y León, un proyecto de decreto por el que se examinan las zonas vulnerables establecidas en el Decreto 40/2009, de 25 de junio, ampliándolas y redistribuyéndolas en una nueva declaración.

Este nuevo proyecto aún no ha sido aprobado, no obstante aquí podéis ver las zonas propuestas.

La raíz del problema:

La alteración de la calidad de las aguas y en algunos casos la contaminación de estas por la actividad agrícola y ganadera, dieron lugar, a principios de los años 90 del siglo XX, a la aprobación de programas de actuación en las zonas vulnerables a la contaminación por nitratos de origen agrícola.

La máxima preocupación, en torno a la contaminación del agua por nitratos, estriba en el efecto que pueden tener sobre la salud  humana por ingesta, bien disueltos en el agua o bien en los alimentos, y las consecuencias que tiene sobre el medioambiente. Los nitratos, actualmente, constituyen la principal fuente de contaminación difusa de las aguas, tanto superficiales como subterráneas.

Partimos de la base de que el nitrógeno (N) es un elemento esencial para los vegetales y junto con el fosforo (P) y el potasio (K) constituyen los tres macronutrientes (NPK) más importantes en la nutrición vegetal.

Su presencia en las masas de agua es consecuencia del ciclo natural del nitrógeno, el problema es que en determinadas zonas ha habido una alteración de este ciclo provocando un aumento en la concentración de nitratos, debido fundamentalmente a un excesivo uso de abonos nitrogenados y a su posterior arrastre (lixiviación) por las aguas de lluvia o riegos.

EL CICLO DEL NITRÓGENO

La fuente principal y más abundante de nitrógeno es la atmosfera, donde se encuentra en forma molecular. En este estado no puede ser absorbido por los vegetales.

Solo unos pocos organismos son capaces de utilizar el nitrógeno de la atmosfera, entre ellos algunos tipos de algas cianofíceas (cianobacterias, que toman el N2 del aire y lo reducen a amonio, una forma de nitrógeno que pueden aprovechar las plantas) y algunas bacterias fijadoras de nitrógeno, como las del genero rhizobium,  que se encuentran en simbiosis con las raíces de las plantas (como las de la familia de las leguminosas: alfalfa, tréboles, guisantes, etc.) formando nódulos en los que fijan el nitrógeno.

Gracias a estos organismos el suelo se enriquece de compuestos orgánicos nitrogenados. Estos compuestos son absorbidos por los vegetales, que sirven de alimento a los herbívoros y, a través de estos, a los carnívoros, incorporando así el nitrógeno a su organismo. Más tarde, a través la excreción y de la descomposición de los restos vegetales y animales, el nitrógeno volverá a incorporarse al suelo, esta vez en forma de amoniaco, donde una serie de bacterias nitrificantes transformarán el amoniaco en nitrito, otras el nitrito en nitrato y este último será transformado, por bacterias desnitrificantes, en nitrógeno gaseoso que volverá a la atmosfera completando el ciclo.

Gracias a este proceso las plantas pueden asimilarlo, tomando el amonio y el nitrato a través de las raíces y usarlos para la síntesis de sus proteínas y los ácidos nucleicos.

CONTAMINACIÓN POR NITRATOS

El problema principal ante el que nos encontramos es que todos aquellos compuestos que no son absorbidos por las plantas u otros seres vivos pasarán a formar parte de aguas, tanto superficiales como subterráneas. En algunos casos se ha calculado que hasta el 50% de los nitratos usados como fertilizantes llegan a los acuíferos por infiltración.

Los nitratos, que son muy solubles y susceptibles de contaminar por lixiviación, pueden ser arrastrados a zonas profundas del suelo por efecto de la lluvia y/o por el exceso de riego, llegando a las masas de agua subterráneas donde las algas y cianobacterias encuentran un buen medio para crecer. La proliferación de estas algas y bacterias, y su posterior descomposición, está siendo un problema para los ecosistemas acuáticos, ya que terminan privando de oxígeno a otras criaturas causando su muerte y desaparición, este proceso es conocido como eutrofización.

Por otra parte, algunas cianobacterias producen toxinas que pueden envenenar las aguas, con el consiguiente peligro para el consumo humano y/o animal, y algunas fuentes de fertilizantes nitrogenados, como las amoniacales, generan un residuo que provoca acidez en algunos tipos de suelo.

El abuso de fertilizantes nitrogenados en las prácticas agrícolas constituye una importante fuente de contaminación difusa que contribuye al aumento de la concentración de nitrato en las aguas superficiales y subterráneas y al aumento de óxido nitroso en la atmosfera.

Para evitar estos daños en el medioambiente debemos apostar por una utilización racional de los fertilizantes nitrogenados.  Con el manejo adecuado, a la dosis correcta y en el momento oportuno, unido a la optimización de los sistemas de riego, conseguiremos que el abono sea aprovechado por nuestros cultivos. Además estaremos contribuyendo a minimizar la contaminación de nuestras aguas.

 

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